Salud pública

¿Cómo prevenir un golpe de calor?

Este drástico incremento puede tener consecuencias sobre la salud, que van desde calambres, agotamiento, síncope, deshidratación o insolación, al golpe de calor, el más grave, que puede conllevar problemas multiorgánicos con síntomas como inestabilidad en la marcha, convulsiones e incluso coma.
 

¿Qué es el golpe de calor?

El golpe de calor aparece cuando la temperatura corporal sobrepasa los 40,5 grados, dañando las estructuras celulares y el sistema termorregulador, con un alto riesgo de mortalidad.

A veces se asocia al ejercicio, sobre todo si se hace con temperaturas o humedades ambientales superiores a la media.

Sus síntomas son:

  • Reducción o cese de la sudoración.
  • Cefalea.
  • Mareo.
  • Confusión.
  • Taquicardia.
  • Piel caliente y seca.
  • Inconsciencia.
  • Convulsiones.

¿A quién le afecta?

Aunque el organismo posee mecanismos para regular su temperatura –termorregulación-, si existen valores extremos se puede provocar una respuesta fisiológica insuficiente, y se produce la pérdida de agua y electrolitos necesarios para su normal funcionamiento.

El impacto en el organismo difiere en los individuos, siendo más fuerte en determinados grupos poblacionales, como personas con ciertas enfermedades crónicas, determinados tratamientos médicos o con discapacidades que limitan su autonomía.

A los ancianos y a los niños muy pequeños (menores de 4 años) también les afecta especialmente.

A los primeros, porque les cuesta percibir la sensación de calor y por lo tanto pierden la capacidad de protegerse. Además, la disminución de la percepción de sed y de la percepción del calor están relacionadas, sobre todo cuando se padecen enfermedades neurodegenerativas. La menor capacidad de termólisis también la sufren los pacientes diabéticos. A esto se suma que la mayor toma de medicamentos provoca interacciones (diuréticos, neurolépticos, anticolinérgicos, tranquilizantes…).

Los niños con enfermedades crónicas o que tienen que tomar ciertos medicamentos también son más sensibles a este tipo de problemas. A esto se suma que por sus características fisiológicas específicas tienen una clara desventaja termorreguladora en comparación con los adultos. Es necesaria su supervisión ya que no son conscientes de las medidas que tienen que tomar para prevenir o reponer la pérdida de líquidos.

¿Cómo evitarlo?

Desde el CONCYL -Consejo de Colegios Profesionales de Farmacéuticos de Castilla y León- se han publicado esta semana una serie de consejos sanitarios para evitar estos episodios:

  • Aumentar la ingesta de líquidos sin esperar a tener sed para mantener una hidratación adecuada. Es útil ingerir soluciones isotónicas, es decir, soluciones de rehidratación oral. Evitar bebidas alcohólicas, muy azucaradas o que contengan cafeína, ya que causan una mayor pérdida de líquidos corporales.
  • Evitar comidas muy copiosas. Es aconsejable tomar abundantes frutas y verduras, teniendo especial cuidado en su manipulación y limpieza para evitar posibles trastornos digestivos que agravarían el problema.
  • Evitar la exposición al sol en exceso, especialmente en las horas centrales del día, permaneciendo en espacios ventilados o acondicionados.
  • Es aconsejable reducir o suspender la actividad física en las horas centrales del día y descansar con frecuencia a la sombra.
  • Usar ropa ligera y holgada, preferentemente de fibras naturales y de colores claros, sombrero, gafas y protectores solares para la piel.
  • Prestar especial atención a personas de riesgo, como son los niños, ancianos y enfermos

El papel del farmacéutico

Desde el CONCYL recuerdan que los profesionales de las oficinas de farmacia “pueden aconsejar a grupos de población con mayor riesgo acerca de cómo evitar el desarrollo de patologías provocadas por el calor”.

Además, si se está en tratamiento con fármacos, el farmacéutico puede dar pautas para evitar que se agraven los procesos provocados por el calor.

Especial vigilancia requerirán aquellos pacientes con patologías que puedan causar deshidratación o influir en el centro termorregulador. En este sentido, enfermedades agudas como diarrea, infecciones o quemaduras cutáneas, y crónicas como hipertensión, enfermedades mentales u obesidad también requieren la adopción de medidas especiales para prevenir el golpe de calor.